Un joven de dieciocho años que ha crecido sometido a una existencia restringida por culpa de una extraña enfermedad neurológica, decide visitar a un familiar en la costa. Así empieza un viaje que se va complicando poco a poco y en el que el protagonista se va enredando en el telar encantado de la realidad, con una mezcla de empuje y falta de recursos, y con el miedo a que su singular enfermedad lo deje en nada. La aparición y desaparición de Consuelo, una chica de veinticinco que busca su sitio en el mundo, condiciona su vuelo, haciéndole pasar de la maravilla al dolor de un día para otro. Si bien dicho vuelo acaba aparentemente estrellado, al menos le deja la certeza de que aunque su enfermedad puede acabar con sus recuerdos y muchos de sus más elementales atributos humanos, su Yo- sea lo que sea eso- se mantiene vivo. Es ese Yo, formado por cosas intangibles lo que por ejemplo le une a Consuelo a pesar de que al final no sabe ni quién es ella; y casi ni quién es él.